Después de una década, ¿abandono el iPhone?

Fue en la primavera de 2008 cuando me hice con mi primer smartphone de Apple. Era el iPhone original, importado de Estados Unidos porque aún no se vendía en España. Un dispositivo que, visto desde la perspectiva actual, en realidad era muy poca cosa (no tenía ni 3G ni existía la App Store; de hecho, ni podías cambiar un fondo de pantalla negro), pero marcó un antes y un después, reconozcamos que todos los smartphones posteriores son “similares” a aquel primer iPhone presentado por Steve Jobs. Desde entonces han pasado por mis manos además el iPhone 3G, 4, 5, 6 y 6 Plus. Y hasta aquí. ¿O no? Tras casi una década fiel al iPhone de Apple las cosas han cambiado y he decidido probar Android (más bien, MIUI). Hoy os contaré las razones de esta decisión y cuál ha sido el resultado final por que, ya os lo adelante, este post fue reeescrito días después de ser redactado.

El iPhone ya no es lo que era

Hace ya un mes que tomé la decisión de probar otras opciones más allá del iPhone de Apple, no sin antes haberle dado varias oportunidades a la compañía de Cupertino. Ya el pasado verano pude probar el Xiaomi Redmi Note 3 recién adquirido por una amiga, y comenzaron a confirmarse mis sospechas: el iPhone se estaba quedando atrás y ¡ojo!, estoy hablando de hardware, y esto mu importante en el desenlace de esta historia.

Más recientemente, tuve la oportunidad de trastear en profundidad el Xiaomi Redmi Note 4 con MIUI 8, un sistema operativo basado en Android Marshmallow pero, a mi parecer, de diseño mucho más bonito, intuitivo y con funciones adicionales. De todos modos no estoy aquí para hablar del nuevo smartphone que he tenido en mis manos, aunque es necesario que sepáis cual es (Xiaomi Redmi Note 8 con pantalla FullHD de 5,5″, 3GB de RAM y 64GB de almacenamiento interno) y que sólo me costó 172,00€, con el fin de que podáis investigar mejor sus prestaciones, calidad, y comprobéis además que, costando una quinta parte de lo que cuesta un iPhone de prestaciones similares, ¿es capaz de hacer lo mismo?. Lo importante es por qué después de más de nueve años le puse los cuernos a mi iPhone y cómo ha acabado esta historia.

En 2014 Apple dio el salto a las grandes pantallas, algo a lo que se resistió durante unos años, una actitud muy habitual en la compañía cuando se trata de novedades no introducidas por ella pero que, finalmente, tuvo que aceptar: los usuarios querían pantallas más grandes. Coincidiendo con ello, el iPhone también experimentó un importante cambio de diseño, con formas más redondeadas y esbeltas, más delgado, más bonito… Desde entonces, y ya han pasado más de dos años y medio, a lo único que estamos asistiendo es a “mejoras”, al mismo tiempo que otras marcas adelantan a Apple con nuevas tecnologías pero sobre todo, ofreciendo terminales de enorme calidad y rendimiento a precios, a veces, de chiste. Así que no, no me refiero a Samsung.

En la actualidad, exceptuando prestaciones concretas como la cámara del iPhone 7 Plus o la increíble integración con el resto de equipos de la marca, el iPhone de Apple es un smartphone sobrevalorado; esta es una opinión que no va a cambiar a lo largo de este post y que tampoco afectará al resultado final de esta historia. Tanto si me quedo con el iPhone como si no lo hago, a nivel de hardware, el iPhone no cuesta lo que se paga por él. Y es aquí donde entramos en el epicentro de mi decisión que, por cierto, será muy muy personal, y podría no ser aplicable a todos y todas los que me estáis leyendo por las razones que vais a comprobar, así que no vayamos a tomar mi experiencia como dogma de fe, si bien dudo mucho que nadie fuera a hacerlo. Pero vayamos por partes.

Decepcionado, y hasta un poco burlado

Cada año, Apple nos vende un iPhone más y más potente, más rápido, de mejor rendimiento, pero lo cierto es que esa velocidad ya era tal que es imperceptible al usuario, a menos que situemos un equipo junto a otro y lo acompañemos de los indicadores correspondientes y ya de paso, de una voz que nos lo haga saber. Esta ha sido la excusa para vender un dispositivo que ha permanecido prácticamente inalterable durante tres años pero cuyo precio continúa subiendo año tras año, a excepción de esas “típicas mejoras” que estoy señalando, como esa portentosa doble cámara del iPhone 7 Plus que es una maravilla pero que, dicen algunos expertos fotógrafos, hay algún teléfono surcoreano que las hace aún mejores (¡Saludos Manu!). ¡Ah! Y los nuevos colores (ironía). Pero en todo eso, ¿dónde queda la innovación que creíamos propia del ADN de Apple?

Y mientras esto sucedía con el iPhone, marcas como Samsung, Huawei, LG, Xiaomi, Ulephone, y otras tantas, muchas de las cuales aún apenas conocemos poco más que por su nombre en el mundo occidental, han pisado el acelerador, y un gran número de ellas han sido capaces de ofrecer, al menos, una experiencia similar a precios mucho más decentes.

Así, mi sensación de decepción respecto del iPhone se ha ido acrecentando con el paso del tiempo; incluso me he llegado a sentir burlado,aunque por fortuna me planté en el iPhone 6 Plus y no he vuelto a renovar.

Hasta ahora hemos hablado de diseño, de innovación y de precio, pero una de las razones fundamentales por las cuales he permanecido fiel al iPhone es por su perfecta integración con el resto de dispositivos Apple. Sin embargo, ha sido precisamente la falta de necesidad de esta característica la que inicialmente me ha llevado a tomar la decisión de probar otra opción. Me explico.

¿El iPhone como dispositivo de trabajo?

No lo dije al comienzo, pero lo digo ahora: mis dudas respecto al iPhone son únicas en el sentido de que me mantengo fiel al Mac y al iPad, ni de lejos me planteo cambiar esos dos equipos, y la razón es muy sencilla: a diferencia del smartphone, el Mac y el iPad son mis dispositivos de trabajo y entre ellos necesito una integración perfecta y sin fisuras. A veces inicio textos en Ulysses para iPad (como este artículo), y los acabo en Ulysses para Mac; a diario utilizo AirDrop para pasar capturas de pantalla e imágenes entre ambos equipos; utilizo mi iPad para leer y mantenerme informado y agrego mis fuentes rápidamente a Pocket o, si me urgen, a la lista de lectura de Safari; subo mis libros a iBooks en Mac y automáticamente los tengo disponibles para leer en el iPad donde, por cierto, suelo escribir a mano con una facilidad y precisión que jamás habría imaginado gracias a apps como GoodNotes y al Apple Pencil, etcétera, etcétera y un tercer etcétera. Pero prácticamente nada de todo ello lo hago en el iPhone, porque el iPhone no es mi dispositivo de trabajo, unas veces porque es imposible, otras porque, por su propia naturaleza y dimensiones, no es cómodo o tan cómodo. Y seamos sinceros, responder emails, charlar por Telegram, organizar trabajo en Trello o consultar Twitter, igual puedo hacerlo en un iPhone que en el Redmi Note 4 u otro dispositivo similar, eso sí, con un ahorro de unos 800€ que no es moco de pavo y que podría dedicar a cosas mucho mejores.

Por otro lado, ni el Mac ni el iPad están sobrevalorados. Actualmente, un iPad de 399€ es increíblemente potente y con un rendimiento que ya quisiera la competencia y, salvo accidentes, vas a estar amortizándolo varios años, y después de eso, es posible que aún pase a otras manos. Respecto al Mac, incluso el menos potente es mejor que la mayoría de PCs, con un macOS que es una auténtica delicia de uso y que, como el iPad, acabará por resultar más barato pues aguanta mucho mas tiempo y lo hace manteniendo un nivel de rendimiento excelente. Pero en el caso del iPhone, la realidad es que otras propuestas cuyo coste es muchísimo menor, son capaces de cumplir con holgura las expectativas de muchos usuarios. ¿Muchos o todos?

Conclusión final

Y estas son, básicamente, las razones por las cuales decidí dar una oportunidad a una marca que me encanta más allá del iPhone de Apple, pero permanecer fiel a mi iPad y mi Mac. Sin embargo, ¿qué ha ocurrido finalmente? ¿Me he quedado con mi iPhone 6 Plus o he cambiado al Xiaomi Redmi Note 4 que compré?

A lo largo de este post mis argumentos han basculado en torno a dos dimensiones, hardware y software. A nivel de hardware, smartphones de prestaciones similares pero coste muchísimo inferior no tienen nada que envidiar al iPhone, pero la cosa cambia cuando hablamos de software: Android es el gran problema de los dispositivos Android. Android no es un sistema tan limpio, eficiente y pulido como lo es iOS, pero aún así, puede funcionar. Además, no es tan fácil de usar como iOS; me he cansado concediendo permisos ya no se ni para qué una, y otra, y otra vez, y esto cansa al usuario. Ni que decir tiene el tema de la seguridad: con un smartphone Android (más aún si sueles estar al tanto de estos temas) el miedo a que hackeen tu dispositivo es continuo; a la semana de estrenar el Redmi Note 4 tuve que desinstalarlo VLC porque circulaba un malware en los archivos de subtítulos que podía permitir que otro tomase el control de mi dispositivo.

Y la gota que colmó el vaso: todo lo anterior desanima el interés de los desarrolladores de tal forma que, tras probar decenas de aplicaciones para escuchar música, para gestionar el correo electrónico y para gestionar mis podcasts, no he encontrado ni una sola que sea la mitad de buena de lo que son Música, Spark o UCast en iOS. Y dado que soy un ferviente oyente de música y de podcast, esta fue la razón que finalmente inclinó la balanza del lado de la manzana.

Efectivamente, me quedo con mi iPhone, el cual ha ganado la batalla del software, por goleada, pero no la del software. Eso sí, o Apple se pone las pilas, o lo que está claro es que se acabaron aquellos tiempos en los que comprábamos el iPhone el primer día, cada vez aguantaremos más con nuestro iPhone y Apple, como ya le está sucediendo desde principios de 2016, venderá menos iPhone. O tal vez a Apple ya no le importe vender tantos iPhone y prefiera seguir centrándose en música, programas, y demás servicios, o incluso volver a fabricar relojes de oro que nadie compra permitiendo que la innovación ceda terreno al elitismo, porque ha aceptado que la competencia comienza a comerle la tostada y porque, como dijo Jeff Bezos, “el negocio está en los servicios, no en el hardware”, aunque para vender servicios, también hay que vender mucho hardware.

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