Cien años de los Tres Misterios de Fátima

Centenario d elos Tres Misterios de Fátima

El 13 de julio de 2017 se cumplirá el primer centenario de uno de los acontecimientos histórico-religiosos que más han marcado la trayectoria del siglo XX. Hablamos de los llamados Misterios de Fátima, una suerte de supuestas revelaciones, mensajes o profecías recibidas por tres niños, que han contribuido a continuar llenando de misterio y espiritualidad el mensaje católico. El siguiente artículo no pretende en modo alguno incidir en la espiritualidad y creencias de las personas, simplemente relata los acontecimientos tal y como acontecieron en base a cómo los narraron sus protagonistas, y la posterior interpretación e incidencia que han tenido.

Breve contexto histórico de las apariciones de Fátima

Nos encontramos en plena primavera del año 1917, la “Gran Guerra” está dejando millones de muertos desde hace tres años, destruyendo Europa, y aunque nuestros protagonistas aún no lo saben, en pocos meses triunfará la Revolución Rusa y el Comunismo se convertirá en una pieza fundamental de este siglo. Mientras tanto, nuestro vecino Portugal estaba atravesando un momento particular de su Historia: el país se había declarado laico y la República dominaba la vida política, y esto, evidentemente, no gustaba al Vaticano pues suponía un freno a su influencia.

Es en este contexto cuando a mediodía del 13 de mayo de 1917,  tres niños pastores y analfabetos, Lucía dos Santos y sus primos Jacinta y Francisco Marto, habitantes de un pequeño pueblo portugués llamado Fátima, en Cova da Iria, tuvieron un encuentro junto a un árbol con una figura “más brillante que el sol” que les dice que viene del cielo, que les llamó por su nombre, y que les pidió que volviesen al lugar al mes siguiente. Así lo hicieron el 13 de junio, esta vez acompañados por unas sesenta personas de la población que querían observar con sus propios ojos lo que los pequeños contaban. Ese día, la historia se repitió y un mes después, el 13 de julio de 1917, acompañados ya por cientos de personas, a estos tres niños les fueron revelados los llamados Tres Misterios de Fátima, sin que nadie más que ellos pudiesen escucharlos ni verlos, aunque los testigos sí que declararon la existencia de truenos, relámpagos, nubes de colores, vientos extraños sobre la encina de las apariciones…

Aunque no podamos demostrar científicamente la veracidad de los “Misterios” que veremos a continuación, los hechos estrictamente históricos han tenido una repercusión evidente, tanto en el panorama político como social y religioso del siglo XX. La supuesta aparición de la Virgen fue seguida, primero, por decenas de personas, y más tarde, por cientos, miles y millones de creyentes. Y por supuesto, recibió el apoyo del Vaticano y de ciertos poderes políticos. En la década de los años 30, cuando la historia de las apariciones ya se ha consolidado, cuando ya se ha generado todo un movimiento social a su alrededor, y cuando está levantando la Basílica del Santuario de Fátima, el dictador António de Oliveira Salazar (también natural de Coimbra) proclama el Estado Nuovo de Portugal a través de la Constitución de 1933 y, ¡cómo no!, hará de estas apariciones uno de los ejes espirituales de su régimen dictatorial.

Periódico informando del Milagro de Fátima

La revelación pública de los misterios

Como veremos a continuación, echando la vista atrás, los tres Misterios de Fátima constituyen una suerte de profecías que han sido “interpretadas” con el paso del tiempo. Sin embargo, es importante saber que Jacinto y Francisco murieron un par de años después de las revelaciones, en 1919. Tan sólo sobrevivió Lucía Dos Santos y, recordemos, no sabía leer ni escribir, pero en 1925 se ordenó monja. Así, los “misterios” quedaron en su mente hasta que, en 1941, los puso por escrito para facilitar la canonización de sus primos. Se revelaron entonces los dos primeros misterios, mientras que el tercero se mantuvo en secreto.

Debemos aquí hace un nuevo e importante paréntesis. Estos dos primeros misterios contienen claras referencias geográficas y políticas sin embargo, fueron revelados mucho tiempo más tarde, lo que alimenta la duda acerca de su hipotética autenticidad como profecías.

Lucía fijó 1960 como el año en que debía ser revelado ese tercer misterio pues “para entonces será más claramente entendido”. Desde entonces, cada nuevo Papa recibía este tercer misterio sin embargo, decidía no mostrarlo al mundo, hasta el 26 de junio del año 2000.

El primer Misterio de Fátima

El primer mensaje hace referencia a la realidad política que se está viviendo en esos momentos, y consistiría en una visión del Infierno que tendría mucho que ver con los horrores de la Primera Guerra Mundial que estaban llegando hasta Portugal :

Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Hundidos en este fuego [estaban] los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas con forma humana, que flotaban en el incendio llevadas por llamas que salían de ellas mismas, juntamente con nubes de humo, cayendo para todos los lados, semejantes al caer de las chispas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaba y hacía temblar de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.
Esta visión duró un momento. Nuestra buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos con ella [en una de las apariciones anteriores]. Si así no fuese, creo que habríamos muerto de susto y pavor.

El segundo Misterio de Fátima

El segundo secreto revelado a estos tres pastorcillos, es una advertencia de la posibilidad de que esos horrores continúen. Este segundo misterio, revelado en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial y con un régimen comunista plenamente consolidado en Rusia, constituye el “libro” de instrucciones para salvar al mundo del Infierno y recuperar la cristiandad. Así, la referencia a Rusia es explícita, afirmando que Rusia debía consagrarse al Corazón Inmaculado para que al mundo le sea concedido un tiempo de paz.

También avisa sobre el estallido de una nueva guerra algo que, en 1917 podría haber sido efectivamente una profecía sin embargo, en 1941, cuando Sor Lucía deja por escrito este segundo misterio, no es más que la constatación de un hecho que, por otro lado contiene un error, pues Pío XI, al que se hace referencia y con el que “comenzará otra peor”, falleció en 10 de febrero de 1939, casi ocho meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, también podemos dar rienda suelta a la especulación: ¿a qué se refiere con “una noche alumbrada por una luz desconocida”? ¿Podría ser la bomba atómica que caería al amanecer del 6 de agosto de 1945 (cuatro años después de ser revelado el misterio) sobre Hiroshima? Probablemente, si buscamos, encontremos otras posibles respuestas.

En seguida levantamos los ojos hacia nuestra Señora, que nos dijo con bondad y tristeza: “¿Visteis el infierno para donde van las almas de los pobres pecadores? Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón. Si hacen lo que digo, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando vean una noche alumbrada por una luz desconocida, sepan que es la gran señal que les da Dios de que él va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, el hambre y las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedir la guerra, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y a la comunión reparadora en los primeros sábados. Si atienden a mis pedidos, Rusia se convertirá y tendrán paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas pero por fin, mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá y será concedido algún tiempo de paz al mundo”.

El tercer Misterio de Fátima

Se mantuvo en secreto hasta el 26 de junio del año 2000, una situación que, sin duda, ha dado lugar a un elevado número de especulaciones, tanto en el seno de la Iglesia como fuera de ella: ¿guerra nuclear? ¿asesinato de un Papa y su sustitución por un impostor?

Desde que el Obispo de Leiria enviase este tercer misterio al Vaticano, los sucesivos Papas recibieron como una de las primeras ofertas de sus pontificados poder abrir el sobre lacrado que contenía “secreto”. Y aunque parece que todos lo abrieron y consultaron, también todos los papas decidieron que su contenido no debía revelarse, alimentando así una expectación que iba a más. Así hasta octubre de 1978, cuando tras la muerte de Juan Pablo I (cuyo pontificado tan sólo duró 33 días y se desconoce si tuvo o no acceso al Tercer Misterio), Juan Pablo II decide no abrir el sobre lacrado. Dos años y medio más tarde, el 13 de mayo de 1981 (¡ojo!, un 13 de mayo, al igual que la primera supuesta aparición), Ali Ağca trata de asesinar al Papa disparándole en la Plaza de San Pedro del Vaticano sin embargo, al parecer, una monja, curiosamente de nombre Lucía, habría impedido que ninguno de esos disparos resultase mortal. Por desgracia, nunca sabremos cuál habría sido el resultado si no hubiese intervenido, pero el acontecimiento cambió la situación del Tercer Misterio de Fátima.

Juan Pablo II, al ser consciente de estas casualidades, parece arrepentirse de no haber abierto el sobre por lo que, aún convaleciente, el 18 de julio de 1981 pide el Tercer Misterio de Fátima. El Cardenal Martínez Somalo le hace entrega de dos sobres: uno contiene el texto original escrito por Sor Lucía, el otro, la transcripción al polaco. El 11 de agosto, devuelve ambos sobres, pero el secreto seguiría oculto a medida que se disparan las especulaciones.

Joseph Ratzinger, quien más tarde se convertiría en el Papa Benedicto XVI, era el archivero del Tercer Secreto de Fátima en 1996. En octubre, la prensa le pregunta al respecto, a lo que él responde: “Ya he dicho que la Virgen no pretende sembrar el miedo, ni tampoco pretende, digamos, hacer el trabajo a los periodistas, y decir hoy lo que los periodistas dirán dentro de treinta años. Esta no es la intención de la Virgen, no entra en estas categorías”.

La expectación es cada vez mayor, al tiempo que Juan Pablo II hace engarzar una de las balas disparadas contra él por Ağca en la corona de la Virgen de Fátima en Portugal, algo que tiene su sentido, una vez conozcamos el Tercer Misterio.

En mayo del año 2000, Juan Pablo II se entrevista con Sor Lucía en el convento portugués donde ella está, y ambos acuerdan hacer público el tercer mensaje de Fátima. El 26 de junio del 2000, el cardenal Ratzinger revela el misterio en rueda de prensa, junto con un informe teológico que interpreta el texto que dice que es una profecía exacta del intento de magnicidio de Juan Pablo II en 1981, una conclusión a la que se llega por esas coincidencias antes mencionadas.

Así, este es el Tercer Misterio de Fátima:

Escribo, en acto de obediencia a ti mi Dios, que me mandas por medio de su excelencia reverendísima el señor obispo de Leiria y de vuestra y mi Santísima Madre. Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora a un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda. Al centellear despedía llamas que parecía iban a incendiar el mundo. Pero se apagaban con el contacto del brillo que de la mano derecha expedía Nuestra Señora a su encuentro. El ángel, señalando a la tierra, dijo con voz fuerte: “Penitencia, penitencia, penitencia”. Y vimos en una inmensa luz, que es Dios, a un obispo vestido de blanco. Hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre. También a otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran cruz de maderos toscos. Antes de llegar a ella, el Santo Padre atravesó una gran ciudad medio en ruinas y tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino. Llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas, y así mismo fueron muriendo unos tras otros los obispos, los sacerdotes, religiosos, religiosas y varias personas seglares. Caballeros y señoras de varias clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la cruz estaban dos ángeles. Cada uno con una jarra de cristal en las manos, recogiendo en ellos la sangre de los mártires y con ellos irrigando a las almas que se aproximaban a Dios.

Como podéis ver, una vez más dejando las creencias al margen, el Tercer Misterio de Fátima es más misterioso que cualquiera de los otros, algo a lo que sin duda contribuye la débil explicación de la Iglesia. A pesar de mi escaso conocimiento al respecto, este tercer texto me hace pensar más en la caída definitiva de la Iglesia, que en un simple intento de asesinato, ¿o es que se trataba de una profecía que podía ser evitada y, efectivamente, lo fue? Misterio, religiosidad e historia se funden en estos acontecimientos que aún a día de hoy resultan extremadamente interesantes.

 

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