De mayor quiero ser limpiaculos real

De mayor quiero ser limpiaculos real

A cualquiera de nosotros nos han preguntado de pequeños a qué nos queríamos dedicar cuando fuésemos mayores, y la gran mayoría hemos mencionado profesiones tan habituales como policía, médico, bombero, abogado, profesor… Sin embargo, hubo un tiempo en que algunos niños respondían algo tan escatológico como sorprendente: “yo de mayor quiero ser limpiaculos real.

De limpiaculos real a primer ministro

Creedme, no estoy de broma. Hablamos del trabajo “Groom of the Stool”, es decir, limpiaculos real, y lo cierto es que durante la Edad Moderna, limpiar el culo del rey de Inglaterra era uno de los trabajos más demandados, aunque, lógicamente, pocos podían llegar a lograrlo. Y lejos de lo que su denominación indica, la responsabilidad del limpiaculos real iba mucho más allá que dejar las posaderas de su majestad como el cultivo de un bebé.

Fue muy a comienzos del siglo XVI (o tal vez a finales del siglo XV), cuando Enrique VII de Inglaterra (rey desde 1485 hasta su muerte en 1509), al que podéis ver junto a estas líneas, consideró que su “gracioso y azul” culo de sangre real no podía ser limpiado por sí mismo, tal vez porque los trabajos manuales aún eran considerados como serviles y degradantes, así que creó el puesto de “Groom of the Stool”, que literalmente se traduce como “Novio del Taburete” (¡qué ironía!), pero que en la práctica equivalía a limpiaculos real. Y por extraño que os pueda parecer, entre la más alta nobleza de Inglaterra, todos aspiraban a que alguno de sus hijos se hiciese con este puesto, que conllevaba permanecer siempre cerca de su majestad y mantener una estrecha relación con el monarca.

En aquella época, ni la más alta nobleza gozaba de los aseos tan monos y cuidados de que disfrutamos en la actualidad, así que este limpiaculos real debía permanecer a lo largo de todo el día próximo al monarca, trasladando su “silla de defecar” de aquí para allá, junto a toallas y recipientes de la época con los que ejecutar su delicada labor.

Pero además, entre sus responsabilidades también se encontraba la de llevar un control de la dieta del rey y de las horas en las que gustaba alimentarse, así como organizar su agenda social e institucional en función de los horarios en los que el monarca solía descargar.

Silla de cagar que el limpiaculos real debía transportar para su majestad | IMAGEN: Historic UK
Silla de cagar (Close-Stool) que el limpiaculos real debía transportar para su majestad (1650 ca.) | IMAGEN: Wikipedia

Así, el limpiaculos real debía gozar de una buena condición física, pero también de un cierto nivel cultural, pues debía entretener y dar conversación al rey para que éste no se aburriese durante estos delicados momentos.

Como os adelantaba al comienzo, durante los cuatro siglos de vigencia de esta profesión (el cargo fue abolido en 1901 por Eduardo VII), las familias nobles que más ansias tenían de medrar en la corte pugnaban para que sus jóvenes hijos accediesen a un cargo que, en ocasiones, podía suponer contar con información privilegiada, así como llevarse interesantes propinas e incluso “heredar” las ricas ropas del rey.

Ser limpiaculos real no tenía por qué ser una meta. De hecho, John Stuart se convirtió en Primer Ministro Británico tras haber desempeñado la tarea de limpiaculos real. Otros no tuvieron tanta fortuna: a Henry Norris le cortaron la cabeza por prestar excesiva atención a las partes bajas de Ana Bolena.

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