De la ilusión al desengaño: la experiencia de un redactor freelance

De la ilusión al desengaño: la experiencia de un redactor freelance

Ha llegado la hora de hablar como creo que nunca lo he hecho aquí, y eso a pesar de que es­toy en mi blog personal. Hoy hablaré en primera persona para contaros lo difícil que resulta vivir, más bien sobrevivir, haciendo aquello que más nos gusta, en mi caso, escribir. Aunque lo más importante no es que vivir de la vocación sea difícil, eso ya casi todos lo sabemos, sino porqué resulta tan complicado, casi imposible. Y ahí es a donde quiero ir a parar.

Lo bueno, y lo menos bueno, se ser un redactor freelance

Hace ya cuatro años, en mayo de 2013, justo cuando estaba dando la puntilla final a mis estudios de periodismo, tuve la oportunidad de comenzar a colaborar en una página web de temática tecno­lógica, por supuesto, gratis, “a cambio” de mi promoción como redactor y de que mi trabajo fuese leído en cualquier lugar del mundo. ¡Qué bonito! ¿verdad? No era totalmente falso pues a los pocos meses comenzaron a surgir los primeros encargos, es de­cir, hubo quien estuvo dispuesto a pagar por lo que hasta ese momento hacía por amor al arte. A raíz de ello, y coincidiendo con el fin de una beca de la que estaba disfrutando, me planteé se­riamente dedicarme a la redacción freelance de contenidos en internet. Si por fin podía comenzar a vivir haciendo aquello que más me gustaba, ¿por qué no intentarlo? Además, y de manera simultánea, ese primer blog donde escribía gratis comenzó a “gratificar” mi labor, al tiem­po que asumí nuevas funciones; como coordina­dor, ya no me limitaba sólo a escribir, tam­bién buscaba y seleccionaba nuevos redactores, buscaba temas sobre los que escribir, coordinaba las publicaciones, revisaba y corregía los textos de los otros redactores… Y todo ello por una cantidad de dinero por la que muchos de vosotros ni os levantaríais de la cama por la mañana.

Periodista & Redactor Freelance | IMAGEN Esther Vargas

Así, el tiempo fue pasando y con él, fueron surgiendo nuevas oportunidades de escribir en otros medios y para otros clientes. Por supuesto, como ya podréis imaginar, gran parte de ese trabajo jamás ha aparecido firmado por mí; podría decirse que también he sido lo que en el mundo editorial llaman un “negro”.  Y este es uno de los grandes problemas de dedicarse a esta profesión, la falta de reconocimiento. Y no sólo porque algunos trabajos escritos por un servidor no aparezcan como tales publicados, sino por el hecho de que aún hay quien considera que pagar por un texto le confiere la autoría intelectual del mismo. Recuerdo que cuando uno de los blogs donde escribía fue adquirido por otro, el nuevo propietario borró de un plumazo mi nombre de mis artículos bajo el pretexto de que “el sistema lo hacía así y no se podía evitar”, algo que todos sabemos que es totalmente falso, además de plenamente ilegal. Sin duda alguna, son este tipo de actitudes las que impulsan el desengaño del que os estoy hablando, más allá del factor económico sin embargo, también ha llegado el momento de hablar un poco de pasta.

“Tu lo pones todo, pero yo sólo pago un poco”

Llegó un mo­mento en el que decidí que no podía seguir escribiendo artículos por un par de euros. Es un insulto a la profesión y, por supuesto, a mí mismo, sin dejar de lado que uno no puede traba­jar 10 o 12 horas diarias de lunes a domingo para no ser más que un “medio” mileurista. Así que, manteniendo una pocas excepciones por motivos de satisfacción profesional e incluso sen­timentales, decidí mejorar el coste de mi trabajo.

En internet, como en el mundo físico, hay quien valora el esfuerzo, la calidad, la pro­fesionalidad… Sin embargo, también al igual que en el mundo real, esta no es la actitud mayoritaria en la red, y cuando dices que un
artículo original, de 500 palabras, bien redacta­do, cumpliendo todas las exigencias SEO, e incluso subido y listo para publicar, tiene un coste de 15 euros (sí, quince miserables euros), muchos se echan las manos a la cabeza (creo que incluso lo hacen físicamente) y ello a pesar de que, además del trabajo, los conocimientos y las
habilidades, el redactor, es decir, yo mismo, también pone de su parte y bolsillo cosas como los equipos necesarios para trabajar (or­denador, tablet, etc.), el consumo de energía eléctrica, el coste de la conexión a internet, etcétera. Y aún así, quince euros resulta una barbaridad para muchos.

La libertad compensa… ¿o no?

Pero ser un redactor freelance no sólo tiene aspectos negativos, si fuese así hace tiempo que estaría trabajando en otro sector que, tal vez, me produciría menos colores de cabeza. De hecho, casi me atrevería a decir que lo único negativo es de índole económica, incluyendo aquí una evidente ausencia de estabilidad laboral, de contratos, de vacaciones pagadas, de cotizaciones… ¡En fin!

La libertad para escribir cómo, cuando y don­de quieres, no tiene precio, como ahora, que escribo estas líneas tumbado sobre el césped de un fantástico parque que tengo junto a casa. Eso sí, esas ventajas de libertad y autonomía son a costa de renunciar a un buen sueldo, porque eso sólo unos pocos privilegiados lo logran.

En numerosas ocasiones, algunos amigos y conocidos me han dicho aquello de “¡Qué bien vives!”, y en cierto modo no les falta razón. Pero esto es algo que también ellos podrían hacer. Aunque está claro que para ello, a día de hoy, deberían estar dispuestos a renunciar a más de la mitad de su sueldo, a tener vacaciones pagadas, a tener derecho a una baja médica remunerada, a tener un contrato o a cotizar con plena seguridad a la seguridad social. Y no, parece que no están por la labor.

¿Estoy decepcionado tras 4 años dedicado a la redacción freelance? Sí, en cierta medida si. ¿Es algo que vaya a abandonar? No, defi­nitivamente no, pero sí es algo que ya he comenzado a plantearme de manera diferente. Y para aquel que lo está pensando, sí, me he callado lo peor, hay momentos psicológica­mente muy duros en esto de escribir por tu cuenta. Pero eso, tal vez, sea para contar en otra historia.

4 thoughts on “De la ilusión al desengaño: la experiencia de un redactor freelance”

  1. Recuerdo cuando mande mi primer artículo a esa Web de la que hablas, solo por saber si me elegirían. Recuerdo el email diciendo que si quería unirme me recibirían con los brazos abiertos.
    Recuerdo cuando acepté y a partir de ahí el nombre de José Alfocea se hacía común en mis mensajes. Como has dicho, la web ya no existe y fue desterrada junto a mis varias decenas de artículos.
    Aún recibo mensajes de Jose Alfocea pero esta vez como amigo (curioso a pesar de no habernos visto) porque se te olvida un cosa:
    Vives bien porque vives como quieres y porque no haces mal a nadie.

  2. Yo soy uno de esos invisibles que te leo. Te entiendo perfectamente lo que dices. Pero sé que es un bajón en tu camino. Tú vales y subirás. Pero es verdad que tu profesión no está valorada. A mí me hubiera gustado ser periodista, pero tuve la suerte de ver a tiempo que esto era muy complicado. Hoy soy funcionario y el escribir lo tengo como hobby. El periodista tiene que tener otra solución de vida aparte de su carrera es así de duro. Abrirte otros caminos. Tengo amigos periodistas trabajando gratis sólo por hacerse un hueco. Y los ves ahí con treinta años o más, con una formación increíble, con muchas horas de estudio en las espaldas.. para eso, para que luego llegue alguien y no te quiera ni pagar veinte euros.En fin, ánimo. No desfallezcas. Busca otras alternativas para sobrevivir, que te den dinero pero esto no lo dejes. Abrazos.

  3. No trabajo en tu ámbito pero comparto esa decepción. Mi experiencia es que hay unas personas privilegiadas que básicamente se sostienen en nuestro trabajo y se apropian del mérito, y es responsabilidad nuestra abrirnos paso y echarlos a un lado si queremos ser alguien en la vida, porque por muy técnico que sea nuestro trabajo para ellos somos el jornalero que ha venido a limpiarles el cortijo.

  4. Me has leído el pensamiento… Desafortunadamente, como dijo Orwel “decir la verdad en estos tiempos es un acto revolucionario”, parece que quienes no quieren pagar por la información (como un contenido veraz y elaborado a conciencia) han encontrado la manera de inventarla. No me dejarás mentir con la tremenda desinformación que nos intoxica en esta era de excesiva información. ¡Tremenda ironía, no!

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