Decálogo para el Periodismo de Tragedias

Decálogo para el Periodismo de Tragedias

En la era de la información digital, el Periodismo sufre la que probablemente sea su mayor crisis de credibilidad. La carrera por ser los primeros en informar, la casi necesidad de instantaneidad y actualización constante, a menudo se traduce en una cierta dejadez ética, e incluso en fatales errores que, cuando se trata de informar sobre tragedias, pueden agravar aún más el daño causado por ésta. En base ello el pasado mes de mayo la Asociación de Prensa de Madrid (APM) celebró, bajo el título “Tragedias y periodistas en la era digital”, el XVII Laboratorio de Periodismo de cuyas conclusiones la APM ha elaborado el decálogo de recomendaciones para informar sobre tragedias  que hoy os traigo.

Periodismo y tragedias, recomendaciones básicas para informar sin perder la ética

Ante tragedias como el accidente ferroviario de Compostela, la crisis del ébola o el atentado de “Charlie Hebdo”, el tacto y la prudencia a la hora de informar son esenciales para que, en el ejercicio de la profesión del periodismo, no se agrave el daño y dolor ya causado por la tragedia en sí misma. Tengo muy presente la reflexión hecha por la periodista Carme Chaparro con ocasión de los atentados de la maratón de Boston que seguro tod@s recordaréis: “Y a veces olvidamos la prudencia. Como en el baile de cifras de muertos de Boston. O en algunas de las fotos que colgaron los periódicos en sus webs (¿habéis visto las de personas con pies y piernas amputados?)”. La solución propuesta por la periodista era simple y evidente: “siempre piensa en las familias (…) Y es que siempre estás a tiempo de subir la cifra de víctimas mortales, pero tirar al alza sin confirmación oficial (o si tú no estás allí delante contando cadáveres) es una imprudencia. De la misma manera que cuando algún medio da por fallecida a una persona que no lo está: cuidado, mucho cuidado.”

En esta misma línea, aunque de una forma más completa, la Asociación de Prensa de Madrid propone el siguiente “Decálogo de recomendaciones para informar sobre tragedias en la era digital” que reproduzco literalmente:

  • Es imprescindible redoblar la atención a las reglas tradicionales del periodismo ante el cambio radical del escenario de la comunicación producido por la implantación de las redes sociales y las nuevas tecnologías.
  • Pese a las exigencias de inmediatez, los errores proceden de la falta de verificación, rigor y precisión. El contraste de fuentes sigue siendo una exigencia primordial y, ante la sobreinformación, la capacidad para distinguir cuáles son fiables es trascendental.
  • La prudencia debe subyacer ante las prisas inherentes a lo digital por informar de inmediato. El rumor y la especulación en los casos de tragedias y catástrofes no se convierten en noticia hasta que lo confirmen fuentes oficiales.
  • Los periodistas deben extremar su compromiso ético para distinguir fehacientemente qué deben contar, cuándo y cómo. Somos responsables de lo que contamos.
  • Los periodistas deben respetar el espacio y el dolor de las víctimas y sus familiares, solo acceder a ellos con su consentimiento previo y actuar con empatía a la hora de relacionarse e informar. Hay que tener siempre en cuenta que las víctimas son las grandes perjudicadas.
  • Solo se deben ofrecer imágenes impactantes cuando aporten información y valor añadido. No es aceptable emitir repetidamente en bucle las imágenes de las víctimas. Nunca hay que olvidar que detrás de las catástrofes hay personas.
  • Hay que respetar el enfoque de género en las imágenes con que se ilustran las desgracias, ya que suelen aparecer más mujeres que hombres, acentuando este hecho el cliché de la debilidad femenina.
  • En los casos de atentados, los periodistas deben evitar que los terroristas se conviertan en los protagonistas de las noticias, poniendo también cara y circunstancias a las víctimas.
  • Los periodistas deben extremar el cuidado y repensar si es conveniente la publicación de información sensible en las redes sociales. Hay que tener en cuenta que esa información puede ser valiosa para los terroristas.
  • La coordinación entre los portavoces de las autoridades y los periodistas para despejar bulos en las redes sociales es fundamental.
  • Se debe exigir la máxima transparencia a las autoridades a la hora de transmitir información. La ausencia de información cierta o su ocultamiento propician que se recurra a fuentes poco o nada fiables.
  • Los gabinetes de prensa de las distintas autoridades deben liderar el proceso informativo y hacer frente a la incertidumbre de la ausencia de información sobre la tragedia.
  • Los medios deben informar sobre las “tragedias invisibles”, como, por ejemplo, las enfermedades prácticamente desconocidas hasta el momento en el que se convierten en epidemias.
  • Hace falta una mayor autocrítica entre los periodistas: pese a que los errores en los sitios webs se pueden corregir, durante el tiempo que han estado publicados son susceptibles de dañar a algún ciudadano.
  • Los periodistas que cubren tragedias y catástrofes pueden sufrir “shocks” emocionales u otros traumas. Por ello, es necesario que, al igual que sucede con otros colectivos que se enfrentan habitualmente a ellos, se extienda a los profesionales de la información la posibilidad de recibir ayuda psicológica in situ y a posteriori.

En la misma página web de la APM podéis además consultar el Manual periodístico para la cobertura ética de las emergencias y los desastres, un más que interesante documento de Periodismo que podéis descargar directamente aquí (pdf, 6,4MB)

FUENTE | APM

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