Europa cava su propia tumba

Europa cava su propia tumba

Europa ya no es lo que era; Europa ya no es lo nunca ha sido pero sí hemos creído; Europa ya no es los “Estados Unidos de Europa” que tras la Segunda Guerra Mundial muchos imaginaron. El sueño se desvanece, el Euro ha visto rota su imagen de fortaleza mientras el mayor de los temores, una “Europa de dos velocidades” se consolida a cada minuto que pasa.

¿Ha muerto el sueño de unos Estados Unidos de Europa?

Tras la Segunda Guerra Mundial algunos importantes estadistas imaginaron que unos “Estados Unidos de Europa” era un sueño posible, una unión de países capaz de hacer frente a los Estados Unidos, los americanos. Pero no contaban, o al menos subestimaron, las grandes diferencias que aquí, en Europa, existen entre Estados, fundamentalmente diferencias de índole cultural y, sobre todo, linguística. Pero lo que éstos políticos “utópicos” subestimaron aún más es que el mayor enemigo de Europa estaba dentro de la misma Europa.

El año 2002 fue el momento del primer gran engaño: la introducción de la moneda única en Europa, hasta poco antes conocida como ECU, y renombrada a Euro. El efecto inmmediato fuero una subida generalizada de precios insultante: el café pasó de cien pesetas a un euro; el periódico, también de cien pesetas a un euro, a 166 pesetas. Pero Europa era el futuro, todos queríamos estar en Europa.

Antes, durante y también después de esa fecha, una política de solidaridad apoyaba a los llamados países de la periferia, fundamentalmente los países del Sur, Portugal, España, Italia, Grecia, con inyecciones desorbitadas de subvenciones, muchas de las cuales aún desconocemos a dónde fueron a parar exactamente pero, ¿alguien pensaba que sería gratis, a cambio de nada? No. Nada más lejos de la realidad. Esas ayudas tenían un precio, sólo había que esperar el momento más adecuado para cobrárselo, y ese momento arrancó entre 2007 y 2008 de la mano de la mayor crisis económica. ¿Necesitas ayuda? Vale, te la doy, pero a cambio de recortes y, por supuesto, intereses, muchos intereses.

En un mundo en el que el colonialismo ya es parte de la Historia y en el que a estos países, antes colonias, después Tercer Mundo, ya se les ha exprimido prácticamente todo cuánto se les podía exprimir, era necesario buscar nuevas víctimas, y qué mejores candidatos a “nuevos exprimidos” que precisamente los países del sur de Europa, los de la ribera del Mediterráneo, los que siempre han ido un paso, o varios, por detrás del resto, los países menos desarrollados de Europa, los países más agrícolas.

Así, los poderosos de Europa, los que de verdad siempre han cortado el pastel en Europa, han conseguido consolidar una Europa de dos velocidades en la que los primeros, los poderosos, han conseguido subyugar a los más débiles, atarles durante décadas y décadas futuras a base de humillar y empobrecer a sus pueblos, a base de préstamos y desorbitados intereses con plazos de pago deliberadamente cortos para que así esos intereses crezcan, y crezcan, y crezcan. Hasta el más tonto sabe que “de donde no hay, no se puede sacar”. Si Grecia no crece, Grecia no puede pagar su deuda, al igual que si un parado no encuentra empleo y, por tanto, ingresos, no puede pagar sus deudas, por más que quiera.

Es así, a muy muy grandes rasgos, como se dilapida el sueño europeo y como se crea una Europa dual donde unos mandan y ponen el dinero y las condiciones, y otros sencillamente obedecen y quedan atados no se sabe hasta cuando.

Pero el sueño europeo, aunque dilapidado por dirigentes de una, cuanto menos, dudosa moral, no ha muerto. La clave está en resistir, en gritar ¡basta!; la solución está en las urnas.

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