¡Qué hostia! Las elecciones del #24M cambian el rumbo de España

Elecciones municipales autonómicas 2015

“¡Qué Hostia!” Os preguntaréis por qué comienzo este artículo con semejante expresión, pero no lo digo yo, lo dijo Rita Barberá al “caloret” de los resultados electorales y sin percatarse de que los micros estaban muy cerca. Nada describe mejor “la hostia” que en las elecciones de anoche se pegaron en el PP con unos resultados pésimos, por más que los traten de maquillar que confirman, por tercera vez en un año, que España ha decidido emprender un nuevo rumbo político alejado de las mayorías cómodas, alejado de tendencias bipartidistas y donde ahora, el diálogo encaminado a la consecución de pactos que permitan el gobierno, son imprescindibles. Sin embargo, ahora más que nunca , no todo es blanco o negro y la noche electoral ha dejado un inequívoco sabor agridulce entre la ilusión de un tiempo nuevo y la incomprensión de que dos partidos, los mayoritarios, PP y PSOE, sumidos en la corrupción y habiendo llevado directamente al país a la situación en que hoy se encuentra, continúan siendo los partidos más votados. ¿Qué ocurre? ¿Qué nos ocurre? ¿Por qué nos roban, nos recortan derechos, nos echan a la calle y casi, también nos echan de la propia calle, pero siguen siendo los más votados? Estos últimos resultados electorales requieren de una profunda reflexión por todas las partes, vencedores que gobernarán y vencidos que no gobernarán, vencedores que no gobernarán y vencidos que sí gobernarán, partidos que han emergido ¿de la nada? como la espuma y partidos que se desploman.

La elecciones del 24 M  inauguran una nueva política

El bipartidismo ha estallado, en unas áreas de forma más contundente que en otras. Es una evidencia que sólo los necios pretenden negar en un último intento, ridículo, por salvar los muebles, y las apariencias. El PP se ha dejado por el camino 2,5 millones de votos de cuya pérdida sólo ellos son culpables. Juntos, entre el PP y el PSOE se han dejado el 13% de los votos que han ido a parar a aquellos capaces de transmitir ilusión y esperanza a quienes se han sentido engañados, mal tratados, ninguneados y, en ocasiones, poco más que idiotas e ignorantes. Pero no sólo PP y PSOE han sufrido, también lo han hecho aquellos que no han podido, o no han sabido, o no han querido, despojarse de esa imagen de “más de lo mismo”; UPyD ha sido prácticamente aniquilida en manos de una Rosa Díez egoísta que ha querido aferrarse al cargo sin entender que su partido necesitaba una regeneración. Mientras, IU cae estrepitosamente por la misma razón aún teniendo a un candidato a la presidencia del gobierno, Alberto Garzón, que, ideologías al margen, emana honestidad y honradez.

Barcelona es un hervidero de fuerzas políticas con una triunfal Ada Colau que ha dado el salto de la “lucha” callejera a las instituciones. En Madrid, símbolo por excelencia, Esperanza Aguirre se pega la “hostia” de su vida y de su carrera política sin duda alguna manchada por los graves casos de corrupción habidos en su partido cuando era presidenta de la comunidad (su mano derecha, Granados, está en la cárcel que él mismo inauguró) y, por supuesto, merced a una campaña sucia, altanera, prepotente, que le ha pasado factura. Manuela Carmena será la próxima alcaldesa sí o sí. Mientras, en Valencia, Compromís canaliza el desencanto y la decepción y Rita Barberá será despojada de la alcaldía así que ya podrá recoger el coche que tiene aparcado en el garage municipal desde hace dos décadas aunque, mucho me temo, que este va a ser el menor de sus problemas a partir de hoy. Sevilla también sufre otro vuelvo, esta vez a favor del PSOE; también la Cádiz de Teófila Martínez (esa que dice que Twitter cuesta dinero) está a punto de caer en manos de la apuesta de Podemos. Y así otras muchas ciudades.

Manuela Carmena
Manuela Carmena (Photo by Pablo Blazquez Dominguez/Getty Images)

Todas las autonomías del PP se tambalean: Castilla y León, la Castilla La Mancha de Cospedal, la Valencia de Fabra, la Murcia de Pedro Sánchez y hasta el Madrid de Cifuentes. Y se tambalean por una sencilla razón: pocos, muy pocos, perdonarían a Ciudadanos o cualquier fuerza emergente que permitan, aún con su abstención, la continuidad.

La “hostia” de la que hablaba Barberá ha sido enorme, pero insisto, el PP continua, a pesar de todo, siendo la fuerza política más votada seguida del PSOE y, dado que son los dos únicos partidos que han gobernado el país desde 1982, no podemos buscar más culpables. En serio, ¿qué nos ocurre? Enfermos de hepatitis se ven obligados a humillarse pidiendo un medicamento que les salve la vida, la pobreza infantil se ha elevado vergonzosamente, el paro se mantiene por las nubes, la pobreza energética es un hecho incuestionable, la gente es expulsada de sus viviendas sin alternativa, miles de viviendas sociales permanecen cerradas, se ha financiado a los mismos bancos que arruinaban a miles de personas con las preferentes, se gastan el dinero público en mariscadas, en hoteles, en chóferes, en copas y hasta en putas, algo que todos los periodistas insinúan pero nadie dice (“¿qué masajista da masajes a las 4 de la madrugada?”, insinuaba alguien hace sólo unos días en Al Rojo Vivo), Gürtel, Bárcenas, EREs de Andalucía, Púnica, la visita del Papa a Valencia, el accidente de metro de Valencia y su intento de ocultación con sobornos, esos aeropuertos fantasma (Castellón, Ciudad Real, Murcia), etc, etc, etc. ¿Qué más necesitamos? ¿Qué nos pasa? ¿Tanto miedo tenemos a cambiar?

Una de cal, y otra de arena

Podemos y Ciudadanos tienen ahora la llave de gobierno en prácticamente todas las comunidades autónomas, pero la carrera no ha hecho más que comenzar.

En la nueva España de los pactos y el multipartidismo, en la nueva España del diálogo y la verdadera democracia, sin embargo, los partidos tradicionales, o lo que queda de ellos, prefieren sin embargo hacer sus propias lecturas. El PP se agarra al clavo ardiendo de ser el más votado, cuando lo que debería preguntarse, si es que aún no lo sabe, es por qué ha perdido 2,5 millones de votos.
En la mayoría de lugares, el PSOE transmite la idea de que “han ganado” y han estrechado la brecha que les separaba del PP. ¡FALSO! Primero porque no es el PSOE el que ha ganado votos, ha sido el PP el que los ha perdido. Segundo: el PSOE, aun siendo la lista más votada en ciertas plazas, dependerá de lo que decidan Podemos y, en menor medida, también Ciudadanos. Deberá acatar sin dejar lugar a la menor duda, las tan conocidas “líneas rojas” de estos emergentes partidos, y ésto supondrá que rodarán cabezas, muchas e importantes cabezas, si bien se da la paradoja de que éstos, Podemos y Ciudadanos, de no facilitar gobiernos socialistas, estarían de facto permitiendo la continuidad del PP. ¿Quién, entonces, está en manos de quien?

Como decía al comienzo, la sensación dejada por las elecciones de ayer, una vez digeridos los resultados, reflexionados y consultados con la almohada, es agridulce, muy agridulce. En algunos lugares todo va a seguir igual, y pondré el ejemplo que mejor conozco, Murcia. Aquí, sólo un pacto PSOE + Podemos + Ciudadanos haría posible el cambio, pero esa alianza resulta poco probable. ¿Asistiremos en Murcia a una abstención de Ciudadanos que permitirá la continuidad de un PP murciano al que los casos de corrupción no hacen si no multiplicársele día a día? Estoy convencido de que así será. Pero ¡ojo!, porque esto pasará factura al partido de Albert Rivera.

Elecciones autonomicas Murcia
Elecciones autonomicas Murcia

¿Cuál sería el gran fracaso de estas elecciones? Que Ciudadanos, bajo el lema “El Cambio”, permita la continuidad de gobiernos “ppopulares”. El Valencia no les podrá tocar ni con palo, pero ¿y en otras comunidades? No sólo estaría cavando su propia y prematura tumba si no además alimentando con ello un sentimiento de profundo pesimismo y decepción tanto entre sus votantes que han depositado en ellos sus esperanzas de “cambio tranquilo” como entre aquellos que, de cara a las próximas elecciones generales, aún esperan verlos en acción para tomar la decisión final.

Como decía Julio César, “¡Alea jacta est!”. La guerra, bien entendida como el diálogo y el logro de pactos, no ha hecho más que dar comienzo a su primera batalla.

Deja un comentario