Censurados.

Censurados

Artículo 20 de la Constitución Española de 1978:

Art.20 Constitución Española 1978+

Se dice que España es un país democrático y libre. Y a los políticos, grandes directivos de prensa, etcétera no sólo de nuestro país si no de todo el llamado “mundo libre y democrático” se les llena la boca hablando de libertad de expresión. Pero la realidad es bien distinta.

Cuando hablamos de censura la mayoría de ciudadanos, especialmente los que han tenido que vivir épocas y situaciones bien distintas y más complicadas, recrean la imagen del antiguo censor que, bolígrafo en mano, tacha y reescribe aquello que de acuerdo con la moral oficial del régimen no puede ser expresado públicamente. Con la llegada de la democracia desapareció la censura oficial pero comenzaron a levantarse los cimientos de otra censura mucho más perversa basada en la manipulación y el miedo bajo la máscara de una falsa libertad de expresión encubierta. Es la censura actual.

La censura, o simplemente no poder o deber expresar libremente lo que cada individuo realmente piensa, impregna toda nuestra sociedad actual, desde gobiernos hasta al ciudadano más desconocido, pasando por empresas de todo tipo y, muy especialmente, compañías vinculadas a los sectores de la comunicación y la información.

A nivel político, la disciplina de partido supone uno de los mayores atentados a la libertad de expresión; aquel que se aparta de la opinión oficial del grupo político o sindicato al que pertenece es considerado díscolo y, de materializar su postura individual, será sancionado (recordemos las múltiples multas que por este hecho acumula la diputada “popular” Celia Villalobos como otros tantos) e incluso corre el riesgo de ser apartado.@jalfocea en Flipboard

En el sector de la comunicación, llamado a facilitar información veraz en favor de que el ciudadano  sea capaz de conformarse una opinión libre y fundamentada, la censura campa a sus anchas. Cada medio de comunicación presenta su propia línea editorial. Hasta ahí de acuerdo, nada que objetar. El problema surge cuando una visión determinada del estado de las cosas impide el afloramiento de opiniones divergentes. Y ésto, por desgracia, es práctica diaria. De todos es sabido que determinados profesionales del periodismo no tienen cabida en determinados medios, al igual que otros han sido expulsados por no coincidir con la línea del medio, una razón que, en ocasiones, no se han molestado en disimular.

Cuando la prensa sobrevive gracias a las subvenciones públicas otorgadas por el dedo del gobierno de turno ¿qué podemos esperar? La prensa actual (y no me refiero sólo a los periódicos pero sí especialmente a ellos) vive una época de franca crisis de credibilidad cuyos culpables no son si no ellos mismos, por no haber sabido encontrar un modelo económico adecuado y haber optado por plegarse a las voluntades gubernamentales que, previo pago (o subvención) controlan el ideario comunicativo profesional.

La femmeTambién otras empresas y compañías se han plegado a nuevas formas de censura amparándose en esa falsa libertad imperante. ¿Cuántos juegos, libros, obras de arte etcétera no han visto la luz por ser considerados “incorrectos”? Recientemente la compañía estadounidense Apple negaba la inclusión de una novela francesa titulada La Femme en su tienda online de ebooks porque en su portada aparece una mujer con los pechos al descubierto. Es sólo el más reciente de cientos de ejemplos que, buscando, encontramos.

La censura actual no sólo forma parte de gobiernos, instituciones o grandes medios de comunicación. Lejos de lo que a primera vista pueda parecer, la censura nos da de lleno en la cara a todos y a todas en nuestra vida anónima y cotidiana.

La actual crisis económica se ha manifestado como uno de los mejores motores para incentivar la práctica de la censura. Con más de seis millones de parados en nuestro país, el miedo a perder el trabajo que tanto se necesita se ha convertido en el mejor aliciente para “cerrar la boca”. Horas extra sin pagar, retrasos en el pago del salario, reducciones de sueldo u horas de trabajo, traslados, control de la vida personal…prácticas a todas luces, cuanto menos, inmorales y abusivas, que miles de personas se ven “obligadas” a soportar sin manifestar la menor oposición. ¿No es ésto si no una manifestación de censura basada en la amenaza oculta y el miedo constante?

Así, el miedo se ha convertido en el mejor aliado de la censura.Y si aún no os habéis dado cuenta, bajo todo lo anterior subyace la peor de las censuras posibles, la autocensura.

Es la censura basada en el miedo, la autocensura, la que minuto a minuto está corrompiendo el mal llamado sistema democrático y de libertades. Recuerdo a varios trabajadores (profesionales del periodismo) pedir disculpas por haber difundido información falsa, e incluso silenciarla, obedeciendo órdenes de instancias superiores, en el momento en que Radio Televisión Valenciana fue finalmente clausurada. No juzgo, no es mi cometido, pero está ahí y es una auténtica vergüenza.

Frente a ello, las redes sociales (Twitter, Facebook, blogs…) se habían mostrado como el reducto de la libertad de expresión, el lugar dónde manifestar abiertamente opiniones personales. Pero ésto también es una verdad a medias. El miedo llega a estos nuevos medios acrecentado, una vez más, por la situación actual. Se ha hecho tristemente necesario controlar y medir mucho tus opiniones; incluso las noticias que retuiteas pueden un día volverse en tu contra

Lamentablamente parece que hoy  la libertad de expresión auténtica sólo está reservada a quienes ya no tienen nada que perder y en el ámbito de las redes sociales.

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